echar la vista atrás

Por Gualchos me Gusta.

Xanadú en los 90

Pasa el tiempo, años que pasan sin que apenas nos demos cuenta, salvo en ciertos momentos en los que echamos la vista atrás y vemos lo lejos que nos quedan algunas anécdotas. Es entonces cuando recuerdo los veranos de Gualchos de hace algunos años, y que no tienen nada que ver con los actuales.
En estos últimos años he notado falta de turismo en el pueblo. En los últimos años, prolifera más el turismo "local", vecinos del pueblo que por distintos motivos viven fuera de Gualchos y que aprovechan las vacaciones para hacer una visita a los familiares que dejaron aquí. Recuerdo, hace no tantos años, que Gualchos en verano era un hervidero de gente, mucho turismo extranjero, principalmente Inglés, Danés, Alemán, ... que unido al turismo "local" que acabo de mencionar, hacían que Gualchos estuviera repleto de gente. Salías por la plaza y era difícil encontrar algún banco vacío, pues las tertulias se hacían habituales todas las noches, daba igual que fuese entre semana o fin de semana.
Deseábamos que llegara el verano para que subir a “La Mina” por la tarde noche a tomar algo en lo que fué el origen de la Barbacoa Miguel, hoy tiene muchas mas comodidades pero aquella tenía un encanto especial, y seguro que aquellos que la recordéis coincidiréis conmigo, aunque es necesario señalar que Miguel no ha perdido el punto en sus carnes a la brasa. Recuerdo también la posada, que era reclamo de numerosos turistas extranjeros, y en aquellos años incluso se hospedó en ella algún famoso (o al menos eso dicen).
También nuestros partidos de baloncesto en las escuelas, donde no hacia falta que los jóvenes quedásemos, todos sabíamos que nos veíamos en "las escuelas" a eso de las 17 h. y jugamos los que estuviéramos, unas veces 5 contra 5, otras 3 contra 3 y otras terminábamos jugando hasta casi no caber en la pista. Recuerdo también “Xanadú”, que buenos ratos pasamos allí. Una terraza de verano que hacia las veces de refugio para toda la gente joven del pueblo, donde escapar un poco de la vigilancia paterna y pasarlo bien con las fiestecillas que preparaba el amigo Enrique Acosta.
Es inevitable que el tiempo pase, pero es imprescindible que siempre tengamos presente lo vivido. Que nos sigamos reuniendo la gente joven a jugar alguna partida de cartas, como hacían nuestros padres, a comernos un choto o un jamón, a practicar deporte, o simplemente de tertulia en nuestra plaza, de ese modo, habrá valores que jamás se perderán con el paso del tiempo, y creo que en Gualchos todo esto es posible, hay costumbres que van perdurando con los años y con las generaciones y eso, no solamente es importante, sino que es imprescindible.