El Librillo

Por Concha Casas

Empezar y acabar, el ciclo de la vida se repite cada día. Empezamos mes y teminamos los meses de del agotador verano. Con él se nos van muchas cosas, estamos en tiempos de finales y todavía no hemos creado los principios que los sustituyan, pero sin saberlo, en ello estamos.

La creación es imnata al ser humano, somos creadores de todo, para empezar de nuestra propia vida. Cada paso que damos hoy está haciendo nuestro mañana.

Esta crisis que nos asola ha precipitado este ciclo, principio y fin se sueceden a una velocidad de vértigo.

En este mes de septiembre en nuestro pueblo estamos también de despedida. Hace ocho años, nacía GEA, revista cultural y de información local. Lo hacía amparada en esa bonanza que arrasó sin piedad con todo, como con todo está arrasando la crisis a la que nos condujo. El librillo, la llamaban y en su modestia de revistilla local, consiguió ser un referente y convertirse en algo que todos y todas sentíamos como propio.

La tradición oral dejó de serlo en sus páginas y gentes anónimas se convirtieron en inmortales al dejar testimonio de su paso por el mundo en su sección de entrevistas, donde los más mayores vertieron sus recuerdos, haciéndonos partícipes de ellos a todos los vecinos y vecinas.

La inventiva también tuvo su espacio y trocitos de vida convertidos en cuentos, encontraron en ella su sitio. Poetas, indignados, soñadores... todos ellos encontraron en esas líneas el espacio donde verter lo que llevaban dentro.

Durante noventa y cuatro números, la vida de todo un pueblo se ha reflejada en las páginas de GEA, querida por todos, y como no, vilipendiada por aquellos que hacen de la envidia su insignia y bandera. Alguien decía que sin enemigos no eres nadie, pues hasta eso tuvo esta modesta iniciativa, que se ganó el corazón de un pueblo.

Este mes sale el último número a la calle, por poco no hemos alcanzado los cien, pero se va como ha vivido, esperada y anhelada. Sus lectores la siguen buscando y guardando, atesoran sus números en sus casas como parte de ellos. Ese quizás ha sido su mejor logro, formar parte de aquellos a quienes iba dirigida.

Por supuesto en esta despedida no podemos olvidar a quien fue su creador y motor, Francisco Jurado Cañizares, suya fue la idea y suya la motivación y el entusiasmo que supo contagiar con tanta facilidad.

La crisis ha podido con GEA, como todo tuvo su principio y ha tenido su final, pero su semilla está ahi y volverá... volveremos.