El Menuico

Por Concha Casas

Se llama Antonio Rodriguez Fernández, pero todos lo conocemos como Antonio, el menuico. En los pueblos cada uno carga con su sambenito, rara vez se recuerda de donde viene el mote, pero se asume como lo que verdaderamente identifica al individuo.

Supongo que en este caso, el sobrenombre se deberá a la falta de talla, pero eso es apenas una quimera, porque ese menudo cuerpo acoge a un hombre tan grande, que su espíritu nos llega a todos.

Si la bondad tuviese nombre, sería el de él.

Su trabajo es uno de los más duros, es peón y como tal, asume las más duras tareas. Pero jamás he escuchado una queja de su boca, al revés, lo realiza con tanta entrega que lo dignifica hasta lo más alto.

A su jefe le he oído decir, que su entrega le hace sentirse culpable. Es comprensible, si lo vieran, lo entenderían. Trabaja de sol a sol. Tiene cuatro hijos de dos matrimonios fallidos, a los que no les falta de nada, aunque a él muchos días no le llegue ni para almorzar. Enlaza una tarea con otra, rompiendo todas las leyes de la resistencia humana. En ocasiones apenas le da tiempo ni a dormir, y se acurruca en cualquier recodo del camino, para que su trabajado y esforzado cuerpo descanse un poco.

Nunca ha estado de vacaciones, no sabe lo que es eso. Los peones ganan poco y los hijos necesitan mucho. Busca trabajo en su periodo de descanso y a pesar de la crisis, él siempre lo encuentra.

No aprendió ni a leer ni a escribir, ya desde bien chico tuvo que buscarse el sustento y ayudar a su familia a hacerlo, pero no por eso se rindió. Con un esfuerzo digno de un titán consiguió sacarse el carnet de conducir a la par que intentaba descifrar los signos que forman las palabras escritas.

Siempre que se hace un homenaje, suele hacérsele a personas destacadas, a aquellos que sobresalen sobre los demás por algo, ya sea por sus méritos intelectuales, deportivos, humanitarios...

Los méritos de Antonio son más callados, van intrínsecos a su propia persona, son su bondad, su talante, su eterna sonrisa, su capacidad infinita de trabajo, su disponibilidad siempre que es requerido... el mérito de Antonio es ser como es. Y como todo aquel que tiene un don, no tiene que esforzarse para utilizarlo, le sale del alma de la manera más natural.

Pues por todo eso Antonio, hoy va por tí, porque es un honor compartir las calles contigo.