Un canto a la esperanza

Por Concha Casas.

Llevo tiempo sosteniendo que una de las soluciones mejores para salir de la crisis sería volver la vista a la naturaleza.
Llevamos años y años dándole la espalda y así nos va. Afortunadamente cada vez son más los que se han percatado de ello y han visto en la tierra la fuente de riqueza inagotable que, apenas se la mima, ofrece.
Viviane y Robert , una pareja que se conoció como erasmus en Granada, francesa ella y alemán él , llegaron hasta este pequeño y olvidado rincón que es la bella villa de Gualchos, donde se han propuesto devolver a la tierra el cuidado y el cariño que, seguramente, ella tanto añora.
Desde una visión cien por cien ecológica, han decidido rescatar los frutos que con tanta generosidad nos ofrece, para con su complicidad, convertirlos en su forma de vida.
Limones, almendras, romero y sobre todo aloe vera, conforman la base de este proyecto. Enfocados sobre todo a la industria cosmética y farmacéutica, desde una óptica totalmente natural y ecológica, han comenzado una andadura con un proyecto tan bonito como ambicioso. Ya que no pretenden solamente comercializar todo esto, sino crear un conjunto de actividades que completen y cierren de alguna manera el círculo de todo este engranaje.
Así contemplan la creación de talleres para enseñar a fabricar jabón, utilizando para ello productos exclusivamente naturales. La construcción de un laboratorio en el que poder experimentar, mezclar y obtener más y mejores resultados con los distintos frutos, plantas, algarrobas, almendras, con los que habitualmente trabajan. Tomates secos, flores que adornen nuestras casas... en fin, un compendio de tantas y tantas cosas bellas, como nos ofrece la tierra apenas la cuidamos. Y todo con un absoluto respeto a la tradición, recuperando incluso sabores perdidos.
El autoconsumo también está incluido en esta forma de vida, pequeñas huertas familiares que abastezcan con sus productos las necesidades diarias.
Y sobre todo el Aloe Vera, esa planta, que al igual que nuestros protagonistas, vino de otros países (en concreto del norte y del este africanos) y que atrapada por este cálido clima, se aposentó a la sombra de los almendros, donde se sintió como en casa.
Es ella sobre todas las demás, la base de este hermoso proyecto, una planta tan agradecida como resistente. No sufre plagas, tan solo la pudrición y el frio pueden acabar con ella, elementos ambos que aquí no suelen darse.
Es un canto a la esperanza encontrarse con proyectos tan hermosos. Enhorabuena y suerte, que seguro la tendrán.